CEO, el nuevo (y peligroso) concepto de moda utilizado a la ligera por los empresarios

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Todos quieren ser Steve Jobs: el peligro de creerse CEO siendo autónomo

La figura del CEO está siendo demasiado alabada. Tanto, que miles de empresarios pequeños la consideran el patrón a seguir y sufren delirios de grandeza al autodenominarse de esa forma, poniendo así en peligro los intereses de la pequeña y mediana empresa frente al beneficio de la gran compañía.

Por Víctor Manuel Gil  |  28 Enero 2019

En los últimos años estamos viendo cómo los términos 'empresario' o 'director ejecutivo' van camino de la extinción, superados por un acrónimo que ha llegado para quedarse, el de CEO, cuyas siglas significan 'Chief Executive Officer'. Ya ningún medio de comunicación hace referencia al jefe ejecutivo de una empresa de otra manera que no sea con las siglas CEO.

El cambio de nombre ha dotado de una mayor repercusión y visibilidad al puesto de trabajo hasta revolucionar el mundo empresarial, como si por tener un nombre cool se tratara de otra cosa más moderna. La importancia del patrón ha llegado a tal extremo que ahora busca, además de ser el dueño de la empresa, ser la imagen pública de la misma. Sin duda alguna estamos frente a una figura que posee todas las habilidades posibles. Aspira a ser una personalidad respetada, admirada y que transmite confianza a los demás. Pero parece que el amor se desgastó de tanto usarlo. Ahora todos los empresarios quieren ser CEO, a la vez que quienes realmente lo son empiezan a endiosarse. Y de nuevo, la pequeña y mediana empresa sale perjudicada.

Puede que parezca fácil distinguirlos, pero para evitar confusiones a continuación exponemos las características más importantes de lo que se considera un CEO, y así saber diferenciarlo del autónomo de toda la vida.

Apple vs 'Carnicería Jacinta': diferencias de un CEO a un autónomo o pequeño empresario

La diferencia más evidente entre un empresario convencional y un CEO, es la dimensión de la empresa que dirigen. Por lo general, el segundo concepto se utiliza en las grandes multinacionales o empresas de gran calibre, mientras que el primero hace referencia a la pequeña y mediana empresa, aunque la mayoría relaciona a la pequeña empresa con los autónomos.

Por supuesto que 'Carnicería Jacinta' (es un nombre al azar, no se vayan a enfadar) puede llegar a ser una gran marca, pero sería un error por nuestra parte confundir conceptos, ya que no es lo mismo una multinacional que una PyME. Considerarlas como iguales solo afecta al pequeño comercio.

La imagen del CEO es la imagen de la empresa

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De la misma forma que el empresario representa liderazgo, también es un espejo en el que se quieren ver reflejados los trabajadores. O dicho de otro modo, según cuál sea la imagen pública del CEO se transformará el resto de la empresa. Un gran ejemplo es el caso de Facebook, todos los pesos pesados dentro de la dirección ejecutiva llevan traje y zapatillas, imitando de forma descarada el estilo de Mark Zuckerberg.

Sin embargo, en una PYME raramente se imitará el estilo del jefe, a no ser que haya que vestir uniforme.

La vestimenta de los CEO para transmitir autoridad

Los colores oscuros son fundamentales para transmitir sensación de soberanía y mando. Las prendas deberán ser telas delgadas, mientras que el outfit perfecto será camisa blanca, cuello francés, chaqueta oscura, gemelos y corbata lisa con color sólido. El zapato de calidad, un corte comedido y cero pelo facial, son las características básicas para transmitir autoridad.

Steve Jobs, el CEO más influyente de la historia, en la gala de los Óscar.
Steve Jobs, el CEO más influyente de la historia, en la gala de los Óscar. GTRES

Con esta combinación se estimulan ciertas sensaciones en el trabajador que lo conducen, inconscientemente, a la admiración del jefe como un líder de éxito al que hay que obedecer. Si eres trabajador y tu jefe viste de esta forma, ya sabes qué quiere transmitir y cuáles son sus carencias.

Los dos accesorios que nunca olvida un buen CEO

Para diferenciar a un empresario de un CEO solo hay que ver cuántas herramientas lleva encima. Un autónomo seguramente llevará un maletín o una mochila con kilos de documentos, libretas, facturas... El CEO quiere transmitir imagen de poder, por lo tanto no necesita cargar a cuestas con tantos trastos, ya que su objetivo es hacer pensar que ya tiene a su cargo a gente para desarrollar ese trabajo por él.

Por lo tanto, los únicos dos accesorios que siempre debe llevar un CEO son la pluma y el porta-tarjetas (y el smartphone, claro). La pluma es útil para él porque su máxima responsabilidad es firmar acuerdos (o autógrafos si estamos ante un 'Steve Jobs'), mientras que el tarjetero es útil para desenvolverse en los ambientes de networking. El intercambio de tarjetas para los grandes empresarios es lo mismo que la berrea para los ciervos, un cortejo apasionado.

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Lejos queda la imagen que transmite el autónomo, al cual siempre le falta espacio en el maletín o en la mochila para poder llevar más trabajo a casa.

Un CEO delega, un autónomo trabaja y suda
Un CEO delega, un autónomo trabaja y suda Shutterstock

Presencia en las redes sociales

Un CEO estará presente siempre en las redes sociales, adoptando incluso una actitud de estrella en internet. Pero si quiere evolucionar, conseguir más seguidores y preservar su imagen de empresario serio y comprometido, necesitará un equipo de Community Managers y expertos en imagen pública. Si no lo hace, se desplazará de sus verdaderas funciones y su imagen, y por ende la de la empresa, se verán perjudicadas. Es decir, un CEO que lleva sus propias redes sociales, no es un CEO, es un intento de CEO.

Pero que quede claro, llevar las RRSS no es algo de lo que debamos avergonzarnos. De hecho, un pequeño empresario que lleva sus propias redes sociales puede generar mucha fidelidad en la clientela. Es una de las ventajas de ser humilde, no necesitas vender una imagen construida a nadie, puedes ser tú mismo. Eso sí, nunca serás el CEO de una multinacional, algo a lo que no todo el mundo aspira, afortunadamente.

Su objetivo es la propaganda, la publicidad

La figura del CEO está estrechamente relacionada con los altos niveles económicos y empresariales. Suelen ser directivos de grandes corporaciones internacionales cuyo seguimiento legal se hace con lupa y tanto sus políticas de expansión como plan financiero ya están más que concordados. Por lo tanto, la única función que le queda al CEO en estos altos niveles es ser el relaciones públicas, una marca más; que su cara y nombre sirvan como publicidad constante a su empresa.

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El autónomo, por el contrario, abre el negocio, trabaja, coordina, paga facturas, atiende proveedores, lleva la contabilidad... Y aparte de todo esto, tiene a su cargo un hogar que mantener. Estos hombres y mujeres no tienen tiempo para más, su objetivo prioritario para a ser mantener su empresa (y su vida) a flote.

De las 500 empresas más grandes del mundo solo 24 están dirigidas por mujeres

¡Sorpresa! La economía mundial está repartida en manos de hombres. Según el estudio publicado por Catalyst, una organización global sin ánimo de lucro con especial preocupación por el mundo laboral de la mujeres, solo hay 24 grandes ejecutivos mujeres dentro de las 500 empresas más ricas del mundo. Es decir, solo un 5% de mujeres alcanzan puestos CEO en todo el mundo.

Sin embargo, el número de mujeres autónomas sigue aumentando, también en España, llegando en nuestro país a representar ya el 46% del total. En 2018, solo ellas generaron 360 puestos de trabajo al día.

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El techo de cristal es un obstáculo social que impide a las mujeres acceder a posiciones de poder en una empresa Shutterstock

Casi que mejor no ser CEO, eh... La cuarta parte de los CEO a nivel mundial podrían ser psicópatas

Un estudio psicológico de la Universidad Bond de Australia en colaboración con la Universidad de San Diego en EEUU analizó los comportamientos y mentalidades de 261 altos directivos norteamericanos. La conclusión a la que se llegó fue que estos empresarios suelen explotar, manipular y violar sistemáticamente derechos de los trabajadores sin ningún remordimiento, algo que no pillará de sorpresa a más de uno.

Otra de las conclusiones que arrojó el estudio es que una cuarta parte de los CEO a nivel mundial no saben aprender de sus errores, muestran indiferencia ante las preocupaciones sociales y dificultades para mantener relaciones a largo plazo. Un reflejo perfecto de la actitud individualista liberal cuyo lema es: "Que arda el mundo mientras yo esté bien". Sumado a los preceptos del párrafo anterior, el estudio no duda en calificarlos como posibles psicópatas.

Llegados a este punto debe quedar clara una cuestión, y es que la psicopatía está muy mitificada por las películas. Los CEO no son Hannibal Lecter, así como muchas otras personas que presentan rasgos psicopáticos no van a iniciar matanzas de un momento a otro. Sin ir más lejos, en España se calcula que hay seis millones de personas con problemas de este tipo.

El 21% de grandes directores ejecutivos son psicópatas
El 21% de grandes directores ejecutivos son psicópatas Shutterstock

El gran peligro de la palabra CEO

No nos confundamos. La fiebre de la moda CEO está cautivando a miles de empresarios pequeños, persuadidos por las técnicas comunicativas y de imagen pública que practican estos enormes ejecutivos para mantener su posición de autoridad frente a los empleados. Dicho convencimiento de que la figura del CEO es el modelo a seguir está traspasando las paredes de la empresa y está adoctrinando a muchos autónomos.

La disonancia cognitiva que genera creerse un tiburón de los negocios, un genio innovador o el próximo millonario de la lista Forbes mientras se sigue viviendo en la humildad consigue confundir los propios intereses y objetivos del pequeño empresario con los intereses del CEO, cuando no tienen nada que ver.

Sí, sí es un problema que todo el mundo quiera ser como Steve Jobs y dar discursos de vida en Stanford, porque es luchar contra ti mismo. Cabe recordar que uno de los objetivos primordiales de las grandes corporaciones (y de los CEO) es eliminar la pequeña empresa. La perversión del lenguaje es el primer paso para normalizar una injusticia. Autónomos, pequeños empresarios, 'Carnicería Juanita': os la estáis jugando más de lo que creéis al autodenominaros CEO. No digáis que no os avisamos.

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