Indiegogo y cómo me estafaron con el crowdfunding

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Así me estafaron en Indiegogo: los peligros del crowdfunding

Suelen ser proyectos atractivos que buscan financiación, pero no hay ninguna garantía. Pueden utilizar tu dinero para otra cosa y las plataformas intermediarias se lavan las manos.

Por Diego López García  |  16 Agosto 2018

Era agosto de 2015, hace ahora ya 3 años, y el crowdfunding estaba de moda. Casi cada día veíamos en los medios noticias de nuevos proyectos que se financiaban exclusivamente con las contribuciones de usuarios, incluidas películas de Hollywood. El Ministro De Guindos había iniciado hace meses la legalización de este sistema y las plataformas de crowdfunding salían como las setas, casi tantas como los proyectos.

La idea del crowdfunding por recompensas es bastante sencilla. Un usuario inventa un producto y busca inversión para crearlo en masa y distribuirlo a través de una plataforma colaborativa. Generalmente, añade varios niveles de inversión: cuánto más pagas, más recibirás después, ya sea en unidades del producto o en reconocimientos exclusivos. El creador establece también un umbral mínimo total: es la cantidad de dinero mínima que necesita para poner en marcha el proyecto. La plataforma de crowdfunding actúa como intermediaria: recoge tu dinero y, si el total de ingresos supera el umbral, se los transfiere al creador (menos su comisión, que supera el 8%, claro). En caso contrario, te devuelve el dinero.

De las decenas de plataformas que gestionan el crowdfunding, dos son las más grandes: Kickstarter e Indiegogo. Decidí probar con Indiegogo apoyando un dock de mesa que permitía cargar el iPhone y el Apple Watch a la vez, además de una batería portátil e incorporar una luz LED de mesilla. El Apple Watch apenas llevaba unos meses en el mercado, y este tipo de productos tan completos no se podían encontrar en las tiendas.

La página del NuDock en Indiegogo, que todavía continúa disponible.
La página del NuDock en Indiegogo, que todavía continúa disponible. Indiegogo

Pensé, además, que era una inversión segura, puesto que el proyecto ya había superado la financiación mínima requerida. Al final recaudó, según todavía puede verse en la plataforma 781.928 dólares. Cada dock costaba 199 dólares. Una cantidad nada despreciable para poner en marcha un producto así.

Retrasos y más retrasos

Aunque la primera remesa de docks estaba prevista entregarse ese mismo agosto, ya se me informó que mi producto llegaría para navidades, en la segunda tanda de envíos. Como imaginaréis, pasaron las Navidades y ni rastro del dock. Es más, ya ni me había acordado de haberlo comprado.

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Por casualidad, a primeros de 2016, y revisando los movimientos de la tarjeta, me acordé del famoso dock. La página del proyecto todavía se seguía actualizando. El creador aseguraba estar teniendo muchos problemas de fabricación, y haber cambiado de proveedores. Pedía más donaciones, y aseguraba que empezarían los envíos en las próximas semanas.

Dónde está mi dinero

Me volví a olvidar hasta noviembre de 2016. Más de un año después de haber pagado el dock, seguía sin recibir nada. La página del proyecto llevaba ya sin actualizarse desde mayo, con los mismos cuentos de siempre: más retrasos, más problemas.

Ya tenía bastante claro que jamás vería el dock (estaba equivocado), así que era hora de reclamar el dinero. Ingenuo que es uno, pensé que Indiegogo tendría un servicio de atención al cliente acorde con el de muchas startups y algún tipo de seguro para protegerse de este tipo de supuestos fraudes. Al fin y al cabo, ellos se quedan una comisión generosa por poner la plataforma y procesar pagos.

El primer mail a Indiegogo recibió una rápida y personal respuesta: me informaban amablemente que ellos ya habían transferido el dinero al creador, y que si necesitaba una devolución debía ponerme en contacto directamente con él. Me facilitaban varios de sus correos y aseguraban, además, haberse puesto en contacto con él para pedirle la devolución.

Pasan los días y, sorpresa, no hay respuesta por parte de nadie. Alguna de las direcciones de correo facilitadas por Indiegogo ya estaban cerradas, otras no respondían. Segundo mail a Indiegogo, en este caso la respuesta ya no es tan personal y mucho más automática: "En el corazón de nuestra colaboración está la comunicación abierta. Por eso pedimos a los dueños de nuestras campañas permanecer en contacto con sus clientes, y aportarles actualizaciones".

Pomposidad de copia pega que pronto advierte que "como en cualquier proyecto en un estado inicial, las campañas de crowdfunding pueden tomar giros inesperados, que pueden incluir retrasos [...] siempre existe el riesgo que el proyecto pueda fallar y el propietario de la campaña pueda no ser capaz de dar lo que prometió".

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¿La solución? El mismo correo la ofrece: "Si el creador continúa sin responder, puedes utilizar nuestros términos de uso para emprender acciones legales contra él". Acabáramos. Por supuesto Indiegogo tiene un gran equipo de abogados detrás, como cualquier compañía americana, y sus términos lo dicen todo. Si tienes un problema con el creador, eres tú el que debes denunciarle legalmente. Ve a Estados Unidos y búscate unos abogados para reclamar 200 dólares.

Ey, ¡ese es mi dock!

Avanzamos seis meses, a mayo de 2017. Ya había dado por perdido el dinero imaginando que, finalmente, el proyecto quebró y no pudo salir adelante. Qué se le va a hacer. De viaje en Seúl, Corea del Sur, entro en una tienda que vende productos de Apple en la zona comercial de Myeong-dong y mis ojos no podían creer lo que veía: estaba ahí. A la venta. El NuDock de MiTagg. El original. No era una imitación. Era exactamente el mismo producto que pagué y no podía fabricarse que estaba disponible. A pares.

El NuDock, a la venta en una tienda de informática de Seúl.
El NuDock, a la venta en una tienda de informática de Seúl. MENzig

Entro por curiosidad en la página del proyecto en Indiegogo y me pongo a leer los comentarios. Decenas de usuarios cabreados. No sólo han perdido el dinero y no reciben el producto, es que van añadiendo links de dónde lo han visto a la venta: que si en Amazon UK, que si en esta tienda está...

Ahora entiendo la jugada. No es un crowdfunding que haya salido mal, es una estafa en toda regla. Han utilizado el dinero recaudado para fabricar, distribuir y vender el producto... en tiendas, sin enviar o recompensar a la gente que los pagó. Doble beneficio, cero riesgo.

Indiegogo pasa de todo

Tercer mail a Indiegogo, donde le hago saber que no es que el proyecto haya fallado, sino que se han aprovechado de su plataforma para estafar a la gente. Les paso enlaces de sites donde se vende el producto directamente. Algo que, por otra parte, no les llegaría de nuevas si nos atenemos a los comentarios que había en su propia web.

Pasan los días, y no hay respuesta alguna... así hasta hoy. Indiegogo se lava las manos. Ni atiende a sus clientes (algo que me considero puesto que yo pagué a Indiegogo) ni se molesta en intentar recuperar el dinero estafado. La plataforma parece demasiado cómoda en ser utilizada para este tipo de estafas, siempre eso sí cobrando su comisión de más del 8%.

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