Los graves errores de los adultos con los móviles

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Papá, mamá: por el bien de todos ¡dejad el móvil ya! Los grandes errores de los adultos con los móviles

Los smartphones han entrado en nuestras vidas y no parece que a corto plazo se vayan a marchar, pero no es una herramienta exclusivamente de jóvenes. Nuestros padres, y algunos abuelos utilizan los móviles, y a veces la brecha generacional se deja notar más de lo que les gustaría.

Por Ramón Fernández  |  27 Junio 2019

Los millennials y la generación Z están probablemente demasiado tiempo enganchados a sus teléfonos móviles, eso nadie lo duda. Aunque alguno incluso obtiene rentabilidad de ello, como pueden ser los gamers o influencers, que sacan provecho económico a su excesiva actividad en las redes sociales y juegos diversos, los jóvenes no son siempre el mejor ejemplo de cómo utilizar las nuevas tecnologías. Todos sabemos que en los colegios e institutos están viviendo un auténtico calvario para intentar controlar este fenómeno que en ocasiones masifica los casos de bullying y vuelve demasiado artificiales las relaciones personales.


Pero, desde luego, los padres de estos jóvenes no se han adaptado mucho mejor a la revolución tecnológica. Esta generación del 'baby boom', que a veces peca de la creencia de que la experiencia es el único conocimiento necesario para la vida, no ha acogido los móviles de la mejor manera posible. No os engañéis, de esto sabemos más que vosotros, así que leed con atención las siguientes líneas.

Sale muy caro ser guay a los cincuenta

Por favor, papás y mamás, si vais a utilizar el móvil únicamente para llamar y utilizar WhatsApp, no os merece la pena compraros un iPhone de 1.500 euros. Si vais a utilizar el ordenador para actualizar vuestro Facebook y escribir algún párrafo en momentos de especial inspiración, no os compréis un Mac Pro de más de 5.000. Es tirar el dinero. Somos conscientes de que por un rato seréis el centro de atención de la oficina o círculo de amistades, y a todos nos gusta que se hable de nosotros, pero de verdad que no hace falta tanto.

La crisis de los 40, que se agrava a los 50 y se hace insostenible a los 60
La crisis de los 40, que se agrava a los 50 y se hace insostenible a los 60 Shutterstock

Poned el móvil en silencio

Los jóvenes tienen la costumbre de tener el móvil en silencio. En el fondo tampoco les hace falta ponerle sonido, porque lo están revisando cada cinco minutos; no da tiempo a que se pierdan nada. Además, no es agradable que todo el mundo escuche cuando te llega un mensaje si no es imprescindible. Pero llega una edad en la que tener un mensaje es símbolo de popularidad, y cuánto más se escuche, mejor. Bueno, y que a la cincuentena no todo el mundo llega con el sentido del oído en las mejores condiciones.

Pero si tener el móvil con sonido implica fastidiarte una serie o película, despertar a toda la casa por las mañanas, o no quitarlo ni en funerales, ya comienza a ser un problema. Hay soluciones intermedias, como el modo vibración.

No hace falta contestar al instante

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Da igual que esté toda la familia reunida para comer, o que se encuentre cruzando por un paso de cebra con poca visibilidad. Si llega un mensaje, comienza el ritual. Sacar el móvil, ponerse las gafas, y pasar a ser durante un largo rato un zombi que escribe a un ritmo de una letra por minuto.

Este pobre hombre ha tardado 12 minutos en escribir
Este pobre hombre ha tardado 12 minutos en escribir Shutterstock

Porque claro, arriesgar la vida yendo con auriculares por la calle o poner la tele mientras se come en familia es lo más vil y cruel que se puede hacer. Pero pararse en medio de la carretera para contestar rápidamente al último emoticono que ha descubierto la Tía Paqui (aunque de nuevo tenga poco) es la conducta más segura que se puede adoptar. Y coger el móvil para ver la última foto de tu compañero de trabajo en sus vacaciones en Nerja (donde va todos los años) es una tarea realmente urgente. Y denota una educación para con el resto de la familia ejemplar.

Papás y mamás, los mensajes no desaparecen si no los has contestado en cinco minutos. Te esperarán a que tengas un hueco libre. Siempre debe ser más importante quien está físicamente haciéndote compañía, que quienquiera que se encuentre al otro lado de la pantalla.

Los chistes anticuados

Casi todos seguimos cuentas en las diferentes redes sociales con contenido humorístico, e intentamos estar lo más al día posible en cuanto a los memes de actualidad. Por eso, somos conscientes de que nuestros padres aún se encuentran más perdidos que Colón cuando descubrió las Américas en esto del humor virtual. Probablemente entre sus amigos las imágenes y chistes que se envían provocan decibelios sin término de carcajadas. No lo dudo. Pero para nosotros, la mayoría de esos 'gags' son más viejos que el chiste de 'mistetas'.

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Mira, hijo, ¡qué gracioso es esto que me han mandado! Shutterstock

Los timos virtuales

Nuestros padres y madres (y algún abuelo moderno), están muy bisoños en lo que a las tecnologías se refiere. Y eso es algo que hay mucho listillo intentando aprovechar para su propio beneficio. Por lo que, en esto sí, la instrucción debe ser clara. Siempre cerrar si aparecen cosas raras, nunca contestar, nunca rellamar. Y si accidentalmente esto sucede, lo mejor es que aviséis porque hay ciertos datos que en las manos equivocadas pueden suponer un problema. Las herencias millonarias de príncipes nigerianos no suelen hacer que incremente el patrimonio, demasiada letra pequeña.

Somos conscientes de que cumplir años es duro. Que es difícil y hiere el orgullo para algunos tener que aprender cosas de la gente más joven. Pero la velocidad a la que avanzan los tiempos hace que la brecha generacional sea cada vez mayor, y que entre los jóvenes y sus padres y abuelos haya cada vez menos cosas en las que puedan entenderse. Pero no podemos dejar que esto nos separe. Así que proponemos algo. Cuando os reunáis, apagad todos los móviles. Volved a charlar, a abrazaros, a quereros. Ese lenguaje lo entendemos todos.

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