¿Y si las Google Glass salieron pronto? El resurgir de las gafas de realidad aumentada

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¿Y si las Google Glass salieron pronto? Las gafas de realidad aumentada se ponen de moda 10 años después

Las gafas de realidad aumentada (AR) vuelven a crear tendencia años después del batacazo de las Google Glass. ¿Conseguirán consolidarse en el mercado de la mano de grandes empresas como Microsoft, Apple o Samsung? ¿Su uso está reducido al sector empresarial o llegará al gran público?

Por Roberto Méndez  |  16 Marzo 2021

Nunca des una moda por muerta. Hubo quienes tiraron los tocadiscos de su abuela, y ahora se venden en Malasaña por 100 euros. Hubo quienes se deshicieron de los pantalones de campana, y ahora los lleva el que te vendió el tocadiscos. Hace casi una década, las Google Glass se presentaron en el congreso I/O de 2012 con la intención de revolucionar el mundo de la tecnología y las posibilidades del usuario. Tras el fracaso de su lanzamiento, que supuso la cancelación del producto pocos meses después, todo parecía indicar que tardaríamos mucho en ver cualquier intento de recrear unas gafas con tecnología de realidad aumentada. Sin embargo, resulta que en Google no fueron temerarios sino profetas, y las grandes empresas del sector están apostando ahora por las gafas AR de cara a la próxima década. ¿Terminarán de consolidarse en el mercado con esta segunda ola?

Google Glass, la historia de unas gafas que han marcado el camino

La realidad aumentada y su unión entre el entorno real con el virtual era considerado, para muchos, el futuro de la tecnología, cuando en 2012 tuvo lugar la presentación oficial de las Google Glass. Nombrado por la revista Time uno de los mejores inventos del año, las grandes expectativas generadas no fueron colmadas.

El lanzamiento era, por todos sabido, muy precipitado. Lo que se mostró en 2012 era un prototipo con numerosos errores que aún tenían que ser corregidos, y que ni siquiera con el retraso del lanzamiento a 2013 (2014 para el público general) dio tiempo a ello. Además, una novedad tan revolucionaria despertó escepticismo entre la sociedad, que no terminó de comprender su verdadera utilidad. Sus más de 1.000 euros de precio, sumado a la poca duración de la batería o a la amenaza de la privacidad de las personas en sitios públicos (que podían ser grabadas o fotografiadas sin enterarse), ponían de manifiesto que quizás no era el momento idóneo para dar el salto al usuario medio. En enero de 2015, apenas 8 meses después de salir a la venta para los consumidores en EEUU, Google anunció que dejaría de fabricarlas.

Las Google Glass fueron un fenómeno revolucionario que muchas personalidades del momento quisieron usar, aunque sin tener muy claro su fin. Las Google Glass fueron un fenómeno revolucionario que muchas personalidades del momento quisieron usar, aunque sin tener muy claro su fin., imagen de sustitución
Las Google Glass fueron un fenómeno revolucionario que muchas personalidades del momento quisieron usar, aunque sin tener muy claro su fin. Google

Cualquiera podría pensar que, tras este fiasco, la idea de imaginarse una realidad aumentada en nuestra cabeza a corto plazo era algo inviable, pero, para la sorpresa de todos, el fracaso ha ayudado al despegue de esta tecnología. En 2017, las olvidadas Google Glass actualizaron su aplicación para corregir errores, y un nuevo modelo llamado 'Enterprise' se puso a la venta, esta vez con las ideas más claras al estar orientadas de forma exclusiva hacia el sector empresarial o científico.

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A pesar de que las Glass Enterprise no ocuparon portadas como el anterior modelo, se han encargado de marcar un interesante camino para las gafas AR que el resto de empresas ha empezado a seguir. La primera clave ya está resuelta: las gafas de realidad aumentada sirven, y mucho, en materia de salud, manufactura o logística, bloques importantes sobre los que construir y dirigir este producto.

Lo último de la multinacional estadounidense para seguir como pionera en la creciente competencia del desarrollo de este tipo de dispositivos han sido las Google Glass Enterprise Edition 2, el modelo actual que salió al mercado en 2019 con nuevas características, como el procesador Qualcomm Snapdragon XR1 capaz de mostrar una resolución de imagen 4K a 60 fps, una batería más duradera, una nueva cámara de 8 megapíxeles y una reducción en su precio hasta los 999 dólares. Asimismo, en 2020 adquirieron la compañía canadiense North, una empresa de gafas inteligentes muy bien valorada, señal de que aprendieron de sus errores y de que su apuesta por la tecnología AR sigue siendo firme.

La competencia de las gafas AR, la verdadera realidad del momento

El resurgir de estas gafas no ha sido algo en lo que únicamente Google haya insistido a lo largo de la última década. Empresas como Microsoft (con sus HoloLens) o Magic Leap también se han lanzado a la aventura de la realidad aumentada, y otras como Apple o Samsung ya han dejado caer rumores sobre su incorporación a este ámbito.

Según algunas filtraciones, Apple buscará para el año 2023 lanzar las gafas AR más potentes con el llamado proyecto N401, mientras que Samsung podría ser de nuevo la competencia directa de la manzana mordida con las Samsung Glasses Lite y Samsung AR Glasses, lentes destinadas a jugar a videojuegos, consultar contenido o asistir a reuniones virtuales holográficas.

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Todo esto nos hace pensar que quizás la población no estaba preparada en 2012 para usar unas gafas de realidad aumentada, una tecnología desconocida por aquel entonces, lo que derivó en un cambio de ruta priorizando el mundo empresarial y no personal, para finalmente llegar a este último dando un rodeo en vez de presentarse directamente en su casa. Google se tiró a la piscina sin asegurarse de que había agua, y el resto, incluido Google, han aprendido la lección.

Al especializar las gafas en labores complejas y darles un significado y un objetivo, han ido rellenando poco a poco la piscina de agua. Seguramente, a finales de la presente década, la piscina esté a punto para lanzarse sin riesgo y comercializar la realidad aumentada para todos los públicos. Una prueba que no salió bien puede haber sido la clave para el resurgir de esta moda.

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